Un maratón más entero

Y después de mucho entrenamiento y un año con muchos kilómetros en las piernas llegó el día. En esta ocasión la duda era si podría o no terminarla. Era el tercer maratón. El primero fue en Sevilla en Febrero del 2019, el segundo en Valencia en Diciembre del mismo año. Y esta vez, no sé muy bien porqué, me apunté a Málaga. En algún momento a alguien le escuché decir que era el tercer maratón en importancia de España. Lo mismo lo soñé. Ya dudo.  Puede que por clima o quizá por la ciudad, Málaga es preciosa. Sin duda creo que ha sido la que mejor post ha tenido. Las cervecitas durante la comilona después de la carrera y la puesta de sol con gin-tonic en la playa de la Caleta. Pero ¿el tercer mejor maratón? lo dudo. Creo que Valencia, Sevilla, Barcelona y Bilbao, como mínimo, tienen mejor organización y muchísimo más ambiente. Eso si, por clima, posiblemente junto con Valencia si sea la más agradecida para correr. Lástima que los Malagueños no lo vean así.

Así que llegó septiembre y empezamos el entrenamiento. Lo empezaba sabiendo que es el año que más kilómetros llevaba acumulados en las piernas. Tanto corriendo como en bicicleta, ya que en primavera tocó probar el triatlón. En principio pensé que eso haría que me costara menos aguantar el entrenamiento que otros años. En anteriores ocasiones el plan consistió en correr 3 o 4 días a la semana con una tirada larga los fines de semana y poco más. En esta ocasión me animé a intentar seguir un plan de verdad, aunque sabía que me costaría. Aun así confiaba en que después del año de tute llegaba lo suficientemente fuerte como para aguantarlo. Las primeras semanas pude hacer casi todos los entrenos a excepción de algún rodaje que me salté para recuperar. Después de las tres primeras semanas empecé a sentir bastante cargadas las piernas, pero a partir de la 5ª  semana, cada vez recuperaba mejor y me fui animando. Parece que el plan estaba dando sus frutos. El objetivo que me había puesto era bajar de 3:20.  En Sevilla hice 3:45, medio cojo, hice todo el entrenamiento con fascitis y molestias de gemelo, también durante la carrera. En el segundo maratón, Valencia,  hice 3:27.

Así que pensé: “si entre el primero y el segundo he bajado 18 minutos, creo que esta vez puedo bajar 7 minutillos más”. Teniendo en cuenta que este año estoy corriendo mucho más que años anteriores y entrenando mucho mejor. Con lo que no contaba es con que probablemente llevase demasiado tute encima. El caso es que tras la 6ª semana, cuando mejor me encontraba, tengo el primer parón por una gastroenteritis o algún virus estomacal que me tiene 5 días parado. Intento mirarlo con optimismo y pensar: “así recupero un poco las piernas”, pero 2 semanas después, en la 8ª, tras la tirada más larga de 32 kilómetros, termino con el gemelo derecho super cargado. Tanto, que en cuanto me enfrío, no puedo ni caminar del dolor. Al día siguiente sigo igual, así que fisio y otros 5 días parado. Vuelvo al lío con el Medio Maratón de Movistar que pude hacer sin molestias y muy contento junto con Antonio y María. Y para mi sorpresa en la 10º semana, cuando más fuerte y animado me encontraba de nuevo, en un rodaje suave de 7 kilómetros, termino con un intenso dolor en el soleo derecho, pierna contraria al primero. No le doy mucha importancia y al día siguiente me planteo hacer la tirada larga que tocaba. Pero después de 10 minutos trotando de nuevo aparece el dolor y viendo que quedaba solo 2 semanas para el maratón decido ser prudente y abortar el entreno. A estas alturas no me puedo lesionar, pienso. Decido descansar un par de días y volver a trotar con cuidado, pero el dolor del soleo sigue ahí. Así que nueva visita al fisio, más descanso, un trote suave y una última visita al fisio. Pero dos semanas después, al llegar la fecha de la carrera, sigo con algo de molestia en los dos gemelos y decido mentalizarme y olvidar por completo el objetivo de carrera y simplemente terminar, si se puede. O, al menos, hacer hasta donde pueda y pasarlo bien. Si me tengo que retirar, me retiro.

Llega el día de la carrera y con mucho miedo y cuidado hago los 5 primeros kilómetros a 6 minutos el kilómetros acompañado por Rubén. Entre los kilómetros 5 y 10 decido tirar un poco adelante aumentando ligeramente el ritmo y viendo que el soleo no da señales de vida propia, poco a poco, me voy animando. Hacía un día espectacular, el circuito junto al paseo marítimo de la playa de Malagueta era precioso, así que empiezo a revisar el objetivo. A lo mejor no solo puedo terminar. A lo mejor puedo mejorar el tiempo de Valencia. Así que busco un ritmo por debajo de 5 minutos el kilómetro y trato de mantenerlo. Sabía que si al final de la carrera el reloj marcaba un ritmo medio de 4:54 o menos lo tenía. Ahora estaba en 5:30. Entre los kilómetros 10 y 20 el numerito baja rápido, hasta marcar 5:05, pero a partir de ahí cada vez bajaba más lento. Y es que no pensé en que habiendo hecho a 6, los 5 primeros kilómetros el objetivo era poco menos que imposible. Por otra parte, los dolores empezaron a asomar sobre el kilómetro 25 y cada vez me costaba más mantenerme por debajo 5. Así que a partir de ahí me olvido de todo objetivo y decido no pensar y sufrir lo menos posible. Subo la música de los cascos y para adelante. En el kilómetro 35 ya con unos dolores difíciles de llevar me encuentro con una cuesta que no me imaginaba. Me llama la atención ver que la mayor parte de los corredores que me rodean se ponen a caminar. La tónica hasta la meta será esa. En cada nuevo repecho que aparece, había más gente caminando que corriendo.

Me entran ganas de unirme a la fiesta, pero me digo, NO, prohibido caminar, hay que hacerlo todo corriendo, hasta el final. Por fin, llega el último kilómetro, atravieso la calle Larios, me entra el subidón, esprinto. Y cuando estoy a 300 metros de cruzar la meta el cuádriceps derecho hace un amago de contraerse y estoy a punto de perder el equilibrio y caerme de morros. Esto debe ser un calambre, vaya por dios. Así que, con calma bajo el ritmo y despacito consigo cruzar la meta.

Al final muy contento, aunque me duele todo el cuerpo, de cintura para abajo, el soleo problemático se ha mantenido intacto y con ninguna lesión a la vista. Lo que significa que después de unos días de andares a lo Robocop, podré volver a correr y a pensar en los próximos objetivos.

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