Un día muy ESPECIAL para Rober

La verdad es que como en su día no me había apuntado, no tenía en mente participar en esta carrera, pero cuando me enteré de la fecha y que abrían nuevamente inscripciones, no podía dejar pasar la oportunidad de correr «en casa», por estos caminos por los que tantas veces me han llevado, por los que sufrimos y gozamos a partes iguales. Así que me apunté sin pensar (a la de 14 porque en una semana tenía otra gorda, muy gorda, que me da mucho respeto en Gredos, y la de 21 me parecía mucho).

Llegó el día, dormir poco por los nervios que siempre da una carrera, y más sabiendo que la familia irá a verte al ser en casa. Nos vamos para el bella y los nervios se aplacan al ver tanta camiseta amarilla, tantos amigos y compañeros de batalla. Veo a José Manuel, con el que voy a correr. Vemos salir a los compis de la primera carrera, les damos ánimos en la salida, y calentamos un poco. Enseguida vemos a más compañeros que llegan, nos saludamos y animamos y en nada llega la hora. Nos vamos a la salida. Se hace eterno el tiempo hasta que nos toca pasar por el arco de salida, pero por fin empezamos a correr, nos quitamos la maldita mascarilla y empezamos a apretar.

La verdad es que el primer kilómetro nos salió rapidillo, pero pronto empezaron las cuestas y los ritmos empezaron a bajar. Empezamos a adelantar a gente, y poco a poco remontamos posiciones. Las cuestas te ponen en su sitio, y poco a poco las fuerzas empiezan a mermar. Menos mal que estaba Rafa dando ánimos al final de cada cuesta, sin sus ánimos la carrera no hubiera sido igual. Un supercrack de la cabeza a los pies.

Los últimos 3-4 km, desde las «escaleras», se hacen duros. Amagos de calambres y penurias varias, pero hay que darlo todo, la meta ya está ahí. En esos momentos te acuerdas de todo, de los consejos de Toño, Rafa y Edu cada día, de cómo hay que subir las cuestas (saltito a saltito como dice Rafa), los duros entrenos durante todo el invierno al lado de David. De Pedro, al que tanto echamos de menos… De los madrugones para entrenar sin ganas con estos expertos montañeros a los que se han unido José Manuel, Manu y Toni. Y de Guille, que nos tiene olvidados(jeje), pero al que hoy por fin hemos vuelto a ver.

Los últimos badenes antes del arco de meta se hacen largos, ni técnica de carrera ni nada, se corre como se puede. Pero ya se ve la meta, hay que apretar, no hay dolor. Y por fin llegamos al final. Los ánimos de los compañeros y familia son lo mejor de la mañana. Ya se acabó, buena carrera. ¡Y que te digan que has llegado el segundo… Buah! Alegría inmensa. ¡¡¡Un subidón!!!

La alegría vivida es inexplicable, no lo olvidaré en la vida (entre otras cosas porque no creo que se vuelva a repetir, jeje) y por eso quiero dar las gracias a toda la familia Zancadas, en especial a Raúl (por sus planes, sus consejos y su dedicación), Natalia (por su apoyo y sacrificio, y porque siempre te saluda con una sonrisa de oreja a oreja), y también a José Luis, que me acogió hace casi dos años en mis primeros entrenos (¡¡¡como sufría en esos entrenos, por Dios!!!). Y el mayor de los agradecimientos para el grupo de montañeros, con los que tanto sufro y disfruto tanto.

¡¡¡GRACIAS POR TODOS LOS MOMENTOS VIVIDOS A VUESTRO LADO!!!

Y LOS QUE QUEDAN POR VIVIR!!!

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