¡¡POR FIN VALENCIA!! Crónica de Pablo Calero

Difícil saber por dónde empezar… quizás tenemos que remontarnos a 2019. A mitad de preparación (mediados de octubre de 2019) una colecistitis aguda de la vesícula me mandó al hospital una semana. Dolor enorme por no hablar del dolor secundario… no correr la maratón, aunque en esos momentos es verdad que tiene que primar la salud y recuperarse bien. Perdí la inscripción y la oportunidad de 2019 pero con la misma ilusión me apunte para la de 2020… el resto creo que todxs sabemos lo que pasó, es historia.

 

2021 empezaba y un 5 de enero, entré en quirófano con la operación de vesícula, para quitármela y cerrar un capítulo de mi vida… Un año de tener la alimentación en palmitas para no desencadenar otro episodio agudo antes de la operación que podría ser fatal… por no hablar de esa maldita pandemia.

 

Durante el año, el estrés laboral por motivos nada agradables y estar estudiando para entrenador nacional de atletismo durante los fines de semana hicieron que las horas del día se redujesen a la mínima expresión. Empezaba a vislumbrar que la preparación de la maratón no iba a ser fácil, tocaría hacer malabarismos para sacar el tiempo necesario.

 

Durante el verano, para añadir más interés a todo, me lesioné del tendón de Aquiles, o al menos eso pensábamos. Así que la preparación de la maratón no pudo empezar cuando debía. Para mi cabeza «cuadriculada» fue un infierno ya que me gusta hacer los deberes como tienen que ser. Por no hablar de la posibilidad de quedarme un tercer año consecutivo sin correrla.

Las tres primeras semanas del planning empecé con un plan conservador de bici + elíptica para mantenerme activo física y mentalmente. Semanas después, y tras una ecografía, me dijeron que era la bursa retrocalcanea. Varias sesiones semanales durante la preparación de la maratón para intentar bajar la inflamación con electrólisis.

Finalmente, la preparación empezó en octubre con 8 ó 9 semanas por delante tan solo. Tocaba intentar no fallar más porque entonces sería inviable correr una maratón. Íbamos cortos, pero no intentarlo no era opción.

Madrugones para rodar antes de ir a la oficina… Tiradas largas los domingos a la salida del curso… Series en las horas de la comida… Correr con dolor todos los entrenos… En definitiva, una tortura mental y un malabarismo de horas para cuadrar todo.

Las semanas pasaban y los entrenos salían, parecía que por lo menos por fin correría Valencia e incluso podría intentar salir a igualar marca. No fue hasta mediados de noviembre cuando en esos últimos entrenos fuertes desapareció el dolor y empecé a vislumbrar una posible MMP.

 

Llegar sano y sin dolor no entraba en los planes. Solo correrla. Pero parece que al final me sonrío la maratón. Llegué sin dolor y sin molestias. El único PERO es que solo pude hacer 50 entrenos de 78 posibles y tocaba ser precavidos por si esa falta de kilómetros me podrían sacar de la carrera en la parte final.

Llegué a Valencia ilusionado y con los ojos bien abiertos para disfrutar de algo que tanto se me resistida. Disfruté de todo, incluso de los nervios y dudas que esta prueba te tiene guardados para ti.

¡Finalmente llegó el día!

 

Alarma a las 5:25. Desayunar, terminar de preparar todo (vaselina, mochila, dorsal, etc). Rumbo a la salida a las 7:20 para ver si podía ver a mi primo para darle un último ánimo y desearle toda la suerte del mundo, pero no hubo manera. Me quede esperando a Natalia, pero tampoco…imposible.

 

Me dirigí a la zona de salida… Nervios en un aumento… Corazón disparado… Salida increíble que guardo para mí… Silencio, un segundo de calma, respirar fuerte y a correr! Pistoletazo de salida de la MARATON DE VALENCIA.

 

Primeros kms con dudas, creo que voy rápido… Intento frenar… Paro a mear en el km 2 (por “decimonovena” vez)… Me reincorporo e intento no cebarme con recuperar lo perdido.

 

Poco a poco cojo al grupo con el que iba, pero el aire y los ritmos no me cuadran, no me siento en carrera, no me siento conectado con la maratón, ni con Valencia. Me da incluso pena porque todo el mundo me decía que era único.

 

Siguen pasando los kms y ya veo alguna cara conocida, seres queridos y amigxs. Intento no pensar en si voy o no voy solo en mantener el ritmo previsto y no moverme de ahí. Sigo sin tenerlo claro y en el km 19 cojo un gel por si al final de la carrera necesito tirar de él.  Suelo hacer la maratón sin tomar geles pero las dudas son más fuertes. Paso la media maratón en 1:25, vamos en ritmo, con lo cual todo sigue en su sitio, aunque las sensaciones no son del todo las que quería.

 

Km 25, de repente todo cambia, me encuentro bien, fuerte, alegre y conecto con la carrera. Todas las batucadas me hacen feliz, todas las personas que gritan mi nombre del dorsal me hacen sonreír, devuelvo el saludo a todas las personas que allí están, se lo merecen.

 

Llegamos al km 30 y cada vez me siento más fuerte. Vengo de hacer kms más rápidos, pero sin perder la cabeza. 3:55/3:55/3:55… Km 32, pancarta gigante de “Rompe el Muro”, choco el puño con el speaker/animador y vuelvo a apretar un poco. El cuerpo me responde y no da señales de flaqueza, ¡A por ello! Con cabeza, pero a por ello. 3:50, 3:50, 3:50 siguen pasando los kms y por fin se acaba el aire en contra. Km 36 y aire a favor o por lo menos no hay aire, no lo sé y me da igual. Solo sé que el desgaste es menor.

 

Como vengo dándole caña decido tomarme el gel en cuanto pille el avituallamiento del agua. Y así es, km 37 ó 38, cojo el agua, tomo el gel y echo el resto… Empiezo a correr a 3:40 los kms, no me lo creo, cada vez que miro el reloj pienso que es mentira, pero ya me da igual. Recorro los dos kms finales atravesando ese maravilloso pasillo de gente que te lleva volando. Bajo la pasarela, aprieto puños, cierro los ojos un instante y los abro para regalarme ese final que llevaba años buscando… solo veo azul… META!!! Meta y con marca personal!!! 2:47:33!!!

 

¡¡Sigo sin creérmelo todavía hoy!!!  Correr la primera media maratón en 1:25 y la segunda en 1:21, de locos!!! Ni en los mejores planes.

Empiezo a llorar y me dicen que tengo que quitarme de ahí, tuerzo la cara un poco pero lo entiendo, es un riesgo quedarse. Me dirijo a la salida y me encuentro a mi primo. Rompo a llorar y me abrazo a él. No sé el tiempo que estoy ahí, pero hasta que no nos piden que nos vayamos otra vez no paro, tenemos los sentimientos a flor de piel. Eso es la maratón. La guinda, independientemente del tiempo, está ahí.

Tus miedos, tus sacrificios, tus esfuerzos, tus ilusiones, tus objetivos, tu mente, etc, todo se materializa en ese final. ¡Momentos únicos!

 

Mi primo me dice que esta vez no ha salido, sé que está triste porque miramos mucho el crono y el maldito reloj. Pero desde aquí le digo que este año no ha podido ser, pero seguro que el año que viene es, aunque hoy esté todo muy lejos, lo conseguirá.

 

Que el camino que ha elegido a lo mejor no era de un año, sino de dos aunque ahora no lo vea. Que todo este entreno que ha hecho le servirá para apuntalar un objetivo, su objetivo, el que persigue. Lo que pasa que no es fácil así que tampoco es fácil conseguirlo y por eso quizás le lleve un año más. Entonces sí, entonces lo conseguirá y todos los puntos quedarán unidos.

 

Por mi parte, gracias por llegar hasta el final, gracias a todxs por los ánimos, gracias a mis amigxs, gracias a mis seres queridos y familia, gracias Valencia y gracias MARATON!!!

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1 comentario en “¡¡POR FIN VALENCIA!! Crónica de Pablo Calero”

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