Esta vez tocó perder

No pudo ser, soñábamos con una marca y no salió, pero comencemos por el principio… La maratón no es solo un día, son 12 semanas de preparación, en mi caso 13 semanas, es decir, 91 días de darle a la zapatilla… Comenzaba con mucha ilusión y un objetivo claro, “robarle al tiempo al menos unos segundos”, concretamente 45 segundos para romper la barrera de las 2 horas 38 minutos. No lo veía, ni lo veo lejos, hablamos de correr 2 segundos más rápido que el año pasado el kilómetro. Como ya hiciera el año anterior, la preparación la iba hacer en la pista de atletismo, me refiero a los días de series, y aunque para alguno de mis amigos le parecía una pasada dar tantas vueltas a una pista, a mi me daba la seguridad de poder trabajar bien el ritmo, ya que en la pista te aseguras poder ser constante en el ritmo al no tener cuestas (ni para arriba ni para abajo). Este año la premisa era hacer lo mismo que el año anterior, con algún kilometrillo más de regalo para acumular kilómetros y como digo, trabajando mucho el ritmo de competición.

Todo parecía fluir, solo una semana en la preparación tuve un susto y me tocó parar, pero por lo general, todo iba sobre lo planeado, más kilómetros y casi 5 segundos más rápido que el año anterior, sin embargo, en mi cabeza siempre entonaba la misma pregunta, me estará marcando bien el Garmin. Yo no soy de estos relojes, pero este año he de decir que una vez he aprendido a meter los entrenos, es muy cómodo, pues te olvidas de todo y solo te tienes que preocupar de lo importante, el ritmo por kilometro que te lo va marcando, para saber que estás haciendo bien los deberes. Ya en un entreno que coincido con mi primo en la pista, mi sospecha va a más, porque una de las veces que le pregunto, el me dice un ritmo y mi Garmin marcaba otro, pero bueno, ahí queda como anécdota. Sin embargo, en la última semana, en dos de los últimos entrenamientos, Borja me acompaña, y su reloj vuelve a decir que los ritmos trabajados según mi Garmin no son los correctos. Esa última semana se me hace “bola”, mucho miedo e indecisión, porque no es lo mismo trabajar para acostumbrar al cuerpo a correr a un ritmo y sin embargo ese ritmo no era el real, lo que suponía que si no estaba preparado en algún momento el del “mazo” me pegaría fuerte…, la semana pasa, con ánimos de los compis, de Borja intentando convencerme que es su reloj el que está mal, mi primo, pero sobre todo Natalia, ella es la que me aguanta mis murmullos cada poco tiempo sobre la carrera (es lo que tiene vivir juntos jejeje. Menos mal que llevamos muchos años y ya me conoció así…).

El sábado intentamos hacer lo mismo que años anteriores, pero al estar este año bien ubicados, subimos a la Feria del corredor andando, aunque esta vez nos toca volver a comer al apartamento, porque por el COVID no hay “Paella Party”. Después por la tarde decidimos no dar el paseo de siempre, ya que el reloj de Natalia marcaba un montón de pasos y como ya tenemos los nervios a flor de piel, decidimos no movernos mucho para estar lo más descansados posible.

Últimos mensajes de ánimos por whatsapp con compis y familia y a dormir que mañana es el gran día.

Yo salgo antes y subo calentando, Natalia y Elías un poco más tarde porque la salida del cajón de Natalia es 30 minutos más tarde. Y desde ese momento los pensamientos no paran de agolparse en la cabeza. Por suerte en la zona de calentamiento me encuentro con viejos compañeros del Clinica Menorca que me hacen olvidar durante un rato de la competición, abrazos y recuerdos de anécdotas de una y mil carreras vividas. Además, me entero que Torres y Cris van a ir a mi ritmo y quedamos en hacer grupo, pero al entrar al cajón, a mí me toca por número de dorsal salir más atrás. De nuevo los nervios, pero esta vez por miedo a no entrar en el cajón establecido. Por suerte después de bordear la zona de el ropero, está mi entrada.

Pistoletazo de salida y pa’lante que me voy en busca de los compis, veo que el ritmo va 5 segundos más rápido de lo programado en cada paso de los kilómetros, pero toda mi intención era juntarme con los compis y hacer grupeta. Hasta el kilometro 10 no les encuentro y es ahí donde el reloj comienza a marcar el ritmo comentado inicialmente. Los kilómetros pasan muy rápido, ya que en compañía siempre es mucho mejor, en algunos kilómetros de las avenidas largas busco con la mirada el paso contrario por si me cruzo con mis primos o Natalia. Cuando me quiero dar cuenta entramos en el km. 32 y aunque conozco de memoria la carrera, da un gustazo cruzar el arco que tienen puesto de que has “roto el muro”. Sin embargo, en el km 34 noto que ya las fuerzas no son las mismas, y decido ponerme detrás del grupo con la intención de aguantar, pero poco a poco veo que mis compis se van alejando y que no soy capaz de aguantarles con lo que decido intentar no perder mucho. Voy viendo como pasan los kilómetros sin querer mirar el reloj para no terminar de hundirme, además ya no queda mucho y a lo lejos veo el km. 38. ¡¡Venga Raúl 2 kms y entramos en zona meta!! Eso es lo que trato de repetirme una y otra vez, los gritos de la gente nombrando a Elías porque es lo que ponía en el dorsal me dan la rabia suficiente para continuar.

La entrada a meta es brutal y aunque vayas fundido y viendo a lo lejos que el reloj marca un tiempo que no quieres ver, es un momento IMPRESIONANTE.

Esta vez es el tiempo quién me ha ganado la partida y es él quién me ha puesto tiempo, y aunque quieres analizar dónde está el fallo, es complicado saberlo, no sabes si es por el ritmo que has entrenado, o incluso esa decisión de irte hacia adelante a pesar de ir un punto más rápido los primeros 10 kilómetros, solo la maratón lo sabrá.

Enseguida ese mal rato pasa, porque veo entrar a mi primo emocionado por meta y ese abrazo de un minuto bien vale una vida entera. Poco más tarde veo a mi otro primo al que me encantaría poder decirle que “vale más de lo que cree”, pero a veces es complicado usar las palabras adecuadas, simplemente le abrazo y le digo que yo también he fallado y que no pasa nada… Y en ese baipass veo llegar a Natalia feliz y no es para menos, menudo tiempazo hacía, pero esto lo dejo porque es su historia jejeje. Luego nos enterábamos que Marta había hecho una maratón de libro corriendo de menos a más y que estaba en una nube. Se lo merecía, porque ha sido muy constante en los entrenos y ha recogido lo que había sembrado.

Por mi parte, ahora toca pasar página, y comenzar a preparar nuevos objetivos, porque esta aventura no ha terminado y veremos quién gana la siguiente partida jejeje.

Quiero acabar dando las gracias, a la gente de Zancadas, a Borja que en todo momento tuvo palabras de apoyo, a mi familia, en especial a mi primo Pablo, por aguantarme y por animarme, a Natalia y Elías que me aguantan día tras día y que para hacer esto que tanto me gusta, a veces me toca sacrificarlos, y quitarles su tiempo.

También quiero dar las gracias a los compis del clínica, porque después de más 10 años sin estar con ellos, aún me siento querido como el primer día (Juanillo, Pytu que a veces me escribe por el Strava, Sergio, y por último Torres y Cris, desde estas líneas mi enhorabuena por conseguir llegar a meta en el tiempo marcado. ¡¡Grandes!!. El año que viene espero volver a compartir ritmo con vosotros).

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