DOS MARATONIANOS, DOS VISIONES: ZANCADAS EN SEVILLA

Hace unos días, nuestros compañeros Aurora y José Ignacio han participado en la maratón de Sevilla, cada uno con sus temores y sus triunfos. Queremos compartir con vosotros su experiencia.

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«TÚ TAMBIÉN PUEDES», por Aurora.

Por fin he corrido mi primera maratón. Llevo 2 años y medio corriendo y cuando empiezas nunca sabes dónde vas a encontrar tu tope. Resulta que tu meta no existe, solo es la que quieras ponerte tú a ti mismo.

Los hay que empiezan muy rápido, los que lo llevan todo calculado y los que vamos poco a poco casi casi disfrutando de cada km recorrido.

Durante toda la carrera me fijaba en las caras de la gente, en sus camisetas, me reía con los nombres de algunos clubes y sus colores… Todo ello me hacían distraerme durante unos metros y seguir adelante con mi pequeña hazaña. Y cuando me venía a la cabeza algún momento duro, pasaba al lado de algún corredor empujando una silla de ruedas o con alguna discapacidad y eso me hacía volver a mi realidad y ver que las limitaciones solo son las que tú ves y te pones a ti mismo.

Todo el esfuerzo de los meses previos, con frío, lluvia o sueño, te hacen ser más fuerte, más vivo y por supuesto MEJOR PERSONA.

Ah, y solo hay un secreto para acabar un maratón: si te lo crees, lo tienes hecho.

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«PREPARACIÓN Y CONCENTRACIÓN», por José Ignacio.

Cada cual afronta las carreras de forma diferente, seguro que la mía no tiene nada que ver con la de Aurora, pero ojo y vaya por delante, las dos igual de importantes. Para mí lo más importante es la preparación.

Yo empecé en el mundo de las carreras tarde, hace ahora justo 4 años (22/2/15) cuando mi hermano me pidió que le acompañara en una competición. En ese momento no creía que sería capaz de correr una maratón.

Creo que los motivos para practicar este deporte son muy personales. No hay más que ver a tu alrededor cuando estas en una carrera, unos van hablando, otros animando y ayudando al compañero, otros haciendo selfies, otros discutiendo con la pareja e incluso hablando por teléfono.

Como cada uno es un mundo y las formas de prepararse para este reto también lo son, os comparto la mía.

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Lo primero fue acudir a una nutricionista deportiva (por si no lo sabéis, siento deciros que corriendo no se adelgaza) y me programé un calendario con 3 ó 4 días de entrenamiento (nunca con tiradas largas de más de 2:15 – 2:20 h), 2 días  de natación, 1 día de gimnasio (fortalecer tobillos y tren superior) y 1 día de yoga para volver a empezar el lunes con sesión de fisio.

Semanas antes de la carrera me hice una prueba de esfuerzo para conocer mi frecuencia cardiaca máxima teórica y pedí a mi nutricionista un plan de glucógeno antes de la carrera.

Dormí poco y mal la noche anterior, supongo que por los nervios y por dormir fuera de casa.

Realicé ejercicios de respiración antes de salir y fui escuchando música para relajarme. El primer año que empecé a correr siempre corría con música. Pero finalmente lo deje porque alguien me dijo una vez: “debes escuchar a tu cuerpo cuando estas corriendo”.

Hay algo que no he indicado en la preparación porque realmente nadie me lo ha enseñado, salvo quizás un poco en yoga, y es la concentración de la mente durante la carrera. Tal como indica Haruki Murakami  en su libro “De qué hablo cuando hablo de correr” se trata de buscar el vacío, de no pensar en nada.  Esto supongo que será algo difícil de entender para los que se toman el running de otra forma más distendida y correr hablando y disfrutando de la compañía, que es muy respetable. Yo en las competiciones intento alejar los pensamientos negativos para centrarme en los positivos al mismo tiempo que mantengo el ritmo de carrera.

Una vez  pasado el protocolo que todos conocéis: guardarropa, calentamiento (muy importante), paso por el baño y entro al cajón de salida. Ya no hay vuelta atrás.

En el 10 km vi un grupo fuerte, intenté engancharme pero me di cuenta del error, los deje ir, esa no era mi carrera. Y en el 20 km, después de una para fisiológica necesaria, decidí subir la frecuencia para mantener un el ritmo ya que los km pasan factura. Y todo iba sobre ruedas enganchándome a un grupo tras otro para no descolgarme, cuando pasé el km 30 no me podía creer el tiempo del crono pero mantuve mi ritmo: ya había llegado muy lejos con un tiempo formidable y no lo quería fastidiar. Fue pasar el sitio más emblemático, la Plaza España, y sobre el km 35 ya ni pensamientos positivos ni gaitas. Me di cuenta que en cualquier pequeño giro o pisada rara el gemelo derecho se me subiría. Entonces ves el reguero de corredores andando o con las manos en las piernas y piensa que tú serás el próximo.

Un corredor tropezó y fui a ayudarle pero enseguida me di cuenta que si paraba no podía volver a arrancar o me costaría mucho, era como un coche sin motor de arranque y poco combustible.

joseEntonces bajas el ritmo porque te das cuenta que la prioridad es llegar y de la forma más diga posible. El corazón tanto física como simbólicamente te pide otra cosa, tienes pulsaciones de sobra para apretar y te aceleras acordándote de todo lo sufrido, pero el cerebro te dice chaval ya lo tienes hecho y más de lo que pensabas, y tengo que darle la razón cuando justo de delante de mí, a menos de 300 m de la llegada, en medio de una avenida amplísima, hay un corredor sentado con la mano en su gemelo lamentándose. Le toco la espalda y le animo.

Creo que la maratón hay que buscar un equilibrio. Con ritmo rápido tendrás un muro más intenso y con un ritmo más lento el muro será menos intenso pero más prologado.

Afortunadamente me he apoyado mucho en mi club: Zancadas, que ha sido un pilar para orientarme tanto en planes de entrenamiento como en experiencias de compañeros y no tener que aprender como yo empecé, a base de prueba y error.

Supongo que en este deporte algunos buscan retos, sociabilizar, alejarse, encontrarse… y otros simplemente… correr, como Forrest Gump:

“Aquel día, sin ningún motivo decidí salir a correr un poco. Corrí hasta el final del camino, y cuando llegué allí, pensé que podía correr hasta el final del pueblo. Y cuando llegué allí, pensé que podría cruzar el condado…”