Crónica de Ángel Liso

Llegó el día, segunda media maratón a la que me enfrento pero con la misma ilusión y ganas que la primera. Eso sí, esta vez con infinitos menos nervios que la primera. Mi primer dilema, las zapatillas, solo 4 días con mis zapatillas nuevas parecían pocos para salir 21k así que a pesar de no tener malas sensaciones al final decido no arriesgar y salir con las que me habían acompañado el mes de agosto entero corriendo por las tierras de Zamora. Pongo el despertador 8:00 am dispuesto a dormir del tirón para cargar las pilas. 9:30h quedó con Kote y David Yuste para ir para Colón. Un 10 para la logística y para el padre de Kote que nos acerca en coche hasta la salida. Cruzamos el Retiro y ya se palpa esa atmósfera especial que se vive en las carreras y que tanto había echado de menos! Ya cerca de mi cajón nos encontramos a Carlitos , Laura y Loli.

Retratamos ese instante de nervios y emociones con una foto y me voy directo a mi “corral”. Los siguientes 30 minutos hasta la salida fueron eternos pero es el precio de querer correr en medio de una pandemia. ACDC como música de ambiente y la piel de gallina!! Empezamos!!! “Corre con cabeza y sal despacio en los primeros 5k que son cuesta arriba”, me repetía subiendo Castellana arriba. Pero quizás las buenas sensaciones o la adrenalina de la carrera me hacen que vaya más rápido de lo previsto. Los siguientes 5k se me pasaron volando, seguramente tambien porque eran cuesta abajo, pero la realidad es que estaba en el 10k y bastante entero. Aquí llega mi primer error, segundo avituallamiento y apenas me echo agua por la frente, llevo mal beber y correr a la vez. Sigo con fuerzas y en Velázquez empiezo a notar las piernas pesadas. Km 17 y primer calambre!! El gemelo izquierdo me da pinchazos y esa sensación de que de un momento a otro se me va a subir la “bola”. Me tomo un gel con la esperanza de que pueda solucionar algo pero más allá de ir a mejor me empiezan también los calambres en el derecho!! Bajo el ritmo todo lo que puedo sin pararme, tengo la sensación de que como empiece andar se me va a hacer un mundo llegar a meta. Llego a Atocha con la extraña sensación de que me había costado bajar el último km tanto o más que los anteriores 15k. De ahí hasta al final se me hizo eterno. No me podía creer cómo la ligera pendiente de Recoletos se me podía hacer tan dura. Por fin veo el arco, solo un esfuerzo más y está hecho. Muerto de sed me bebo 4 botellas de agua nada más pasar la meta, claramente me había deshidratado!!! Hoy aprendí otra lección de esas que se graban a fuego y es que igual de importante es llevar cabeza con el ritmo es ir bebiendo en cada avituallamiento para no venirse abajo justo cuando mejores sensaciones tenía.

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